Cómo ajustar la suspensión de tu MTB

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Es muy habitual ver a ciclistas que han invertido una gran suma de dinero en bicicletas de última generación, con cuadros de carbono y componentes tope de gama, pero que descuidan por completo la configuración básica que hace que todo ese sistema funcione. Tener una máquina de competición mal ajustada es, a efectos prácticos, peor que rodar con una gama baja, ya que una suspensión que no está personalizada para tu peso y estilo de conducción no leerá el terreno, perderá tracción en las subidas y te transmitirá todos los impactos en las bajadas.

Antes de preocuparte por bajar unos gramos a la bici o cambiar de ruedas, es fundamental que dediques unos minutos en el garaje de casa a realizar el «Set-up» de tus suspensiones, un proceso totalmente gratuito que transformará radicalmente el comportamiento de tu bicicleta. En esta guía vamos a explicarte, sin tecnicismos innecesarios pero con rigor mecánico, cómo dejar tu horquilla y amortiguador a punto para que trabajen exactamente como los ingenieros diseñaron.

La importancia de la personalización: ¿Por qué mi bici no va bien de serie?

Las bicicletas MTB salen de la tienda con una configuración estándar de aire y rebote que rara vez coincide con las necesidades físicas reales del usuario final, pues la marca no sabe si pesas 60 kilos o 90, ni si vas a rodar por pistas lisas o senderos de piedras. Entender la importancia de este ajuste es el primer paso para mejorar tu seguridad, dado que unas suspensiones bien reguladas garantizan que las ruedas pasen el mayor tiempo posible pegadas al suelo, ofreciendo control en frenadas y tracción en repechos técnicos.

Si llevas demasiada presión, la bici rebotará descontrolada haciéndote perder la línea trazada, mientras que una presión insuficiente provocará que hagas topes constantemente y el pedaleo se vuelva ineficiente por el vaivén. Este equilibrio es vital, especialmente en las modernas bicicletas de montaña de doble suspensión, donde la geometría del cuadro depende directamente de que el amortiguador esté trabajando en su punto dulce para no alterar los ángulos de dirección y sillín.

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Herramientas necesarias

Para realizar este procedimiento con la precisión que requiere la hidráulica de una suspensión moderna, no te servirá bajo ningún concepto la bomba de pie que utilizas para inflar los neumáticos ni un compresor de gasolinera. El volumen de aire en las cámaras de suspensión es muy pequeño pero trabaja a presiones altísimas (a veces superiores a 200 PSI), por lo que es obligatorio utilizar una bomba de suspensión específica de alta presión que cuente con un manómetro detallado y un botón de purga para microajustes.

Estas herramientas permiten introducir el aire sin que se escape al desenroscar la válvula gracias a su racor de seguridad, garantizando que la lectura del dial sea exactamente la presión que queda dentro de la cámara positiva. Intentar ajustar el SAG «a ojo» o con herramientas inadecuadas es el error más grave y frecuente, resultando en configuraciones erráticas que pueden incluso dañar los retenes internos a largo plazo.

Configurando el SAG

El SAG, o prehundimiento, es el porcentaje del recorrido total de la suspensión que se comprime únicamente con el peso del ciclista en posición estática, sin ejercer fuerza extra sobre el manillar o los pedales. Este hundimiento inicial es crítico porque permite que la suspensión no solo se comprima ante un obstáculo positivo (una piedra), sino que también se extienda ante un obstáculo negativo (un agujero), manteniendo la rueda en contacto con la tierra.

Para medirlo correctamente, debes vestirte con toda tu equipación habitual de ruta, incluyendo casco, zapatillas, mochila de hidratación llena y protecciones, ya que todo ese peso extra afecta directamente a la precarga necesaria. El objetivo es situar ese hundimiento en un rango porcentual concreto que varía según la disciplina, buscando el compromiso perfecto entre sensibilidad inicial ante pequeños baches y soporte en el tramo medio para no hundirse en apoyos fuertes.

Porcentajes recomendados según tu modalidad

No existe una cifra mágica universal para todos los ciclistas, pero sí unos rangos de referencia que la industria utiliza como base sólida para empezar a trabajar según el uso que le des a la bici. Para una configuración de Cross Country (XC), donde prima la reactividad y la eficiencia de pedaleo, se suele buscar un SAG firme de entre el 15% y el 20%.

Por otro lado, si tu estilo es más agresivo, tipo Trail o Enduro, deberás buscar un SAG más «tragón» que oscile entre el 25% y el 30%, permitiendo aprovechar mejor el recorrido en descensos rotos. Ten en cuenta que estos porcentajes pueden variar ligeramente dependiendo de la cinemática de tu cuadro o de las recomendaciones del fabricante de tus horquillas de bicicleta, por lo que siempre es buena idea consultar las tablas de presiones que suelen venir pegadas en las botellas de la suspensión como punto de partida.

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Guía paso a paso:

El procedimiento comienza colocando la junta tórica (la goma roja o negra del vástago) pegada al retén y asegurándote de que las palancas de bloqueo o propedal estén en posición «abierto» para que el sistema se mueva libremente. Súbete a la bicicleta con cuidado, apoyándote en una pared o con ayuda de un compañero para no comprimir la suspensión bruscamente al montar, y colócate en tu posición de ataque habitual: de pie sobre los pedales y con el peso centrado.

Una vez estabilizado, pide a tu ayudante que baje la junta tórica al retén de nuevo y bájate de la bici con extrema suavidad para no alterar la medición final. Ahora mide la distancia desde el retén hasta la goma; si tu amortiguador tiene 50mm de carrera y la goma está a 12,5mm, tienes un 25% de SAG exacto. Si la goma está más abajo (más hundida), añade aire con la bomba; si está más arriba, quita presión con el botón de purga hasta clavar la medida.

Controlando la velocidad de retorno

Una vez tienes la presión de aire correcta (el muelle), es turno de ajustar el rebote, que es la válvula hidráulica encargada de controlar la velocidad a la que la suspensión vuelve a extenderse tras comprimirse. Generalmente identificado con un dial rojo, el rebote es crucial: si lo llevas demasiado rápido (hacia la liebre), la bici te escupirá y se sentirá inestable tras un salto o bache grande.

Por el contrario, un rebote excesivamente lento (hacia la tortuga) provocará que la suspensión no tenga tiempo de recuperarse entre baches consecutivos, haciendo que se «empaquete» y pierda recorrido útil. Para ajustarlo, comienza desde la posición más lenta y ve abriendo clics hasta que, al comprimir la horquilla con fuerza en parado y soltarla de golpe, esta suba rápidamente pero sin llegar a despegar la rueda del suelo, buscando un tacto controlado pero vivo.

Conclusión

El ajuste de las suspensiones no es una tarea matemática que se hace una vez y se olvida para siempre, sino un proceso dinámico que puedes ir perfeccionando a medida que mejoras tu técnica o cambias de terreno.

Es muy recomendable que, tras seguir esta guía y establecer tus ajustes base, realices pequeñas modificaciones de uno o dos clics en el rebote o variaciones de 5 PSI en la presión para experimentar las sensaciones reales en tu ruta favorita. Recuerda que mantener tus suspensiones limpias, revisadas y bien configuradas es la mejor inversión para disfrutar de cada salida, garantizando que tu bicicleta trabaje para ti absorbiendo las irregularidades y permitiéndote rodar más rápido, más seguro y con menos fatiga física.